Loli: me voy a ir a dormir. Ayer dormí muy mal porque mi papá tose y carraspea tan fuerte que a pesar de tener la puerta cerrada lo escucho.
Lolo: comprá tapones.
Loli: no creo que sean cómodos. ¿Usaste alguna vez?
Lolo: sí, para natación. Horribles. Perdía el sentido de la orientación y terminaba en el fondo de la pileta
Loli: ¿viste? qué feo. Siempre me daban lástima los que tenían esos problemas de otitis y tenían que andar poniéndose eso cada vez que decíamos “¿vamos al agua?”
Lolo: sí, es macabro. Es surrealista. Como ponerte los anteojos de tu abuela y salir a dar una vuelta a la manzana.
Loli: puede ser, porque pesan. Te van estiraaaaaando la nariz
Lolo: ¡sí! pero además, ves todo re lejos o re cerca, según la abuela, obvio.
Loli: seguro que con los de mi abuela veo re-borroso.
Lolo: hacé la prueba. Pedíselos y salí a dar la vuelta a la manzana. Es místico. (O sea, si no te pisa un camión...)
Loli: es como tomar pepa, seguro…
Lolo: pero más barato. A menos que tengas una abuela vil y tránsfuga que te alquile los anteojos.
Loli: sí, que juegue con la necesidad ajena.
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